Todos sabemos que respirar es sinónimo de vida. Respirar es lo primero que hacemos al nacer y será lo último que hagamos antes de cerrar las cortinas de nuestra existencia terrenal. Podemos pasar días sin beber agua, semanas sin comer, pero sin respirar sobreviviríamos solo unos minutos.

Aunque entendemos el papel insustituible de la respiración en nuestras vidas, descuidamos mucho nuestro proceso respiratorio. Inhalamos y exhalamos automáticamente y sin prestar atención a lo que hacemos. Como no necesitamos pensar para respirar, dado que la respiración parece ocurrir por sí sola, terminamos oxigenando mal nuestro sistema.

Cuando comenzamos a practicar yoga, aprendemos a hacer consciente la respiración. Y, poco a poco, aprendemos a utilizar toda nuestra capacidad pulmonar.

En el yoga, respirar no se trata solo de dar más oxígeno a la sangre y nutrir las células. Al oxigenar el sistema de manera controlada, controlamos nuestra energía vital (Prana) y somos capaces de dominar nuestras emociones y pensamientos.

Adriana Camargo explica que, en yoga, volvemos a aprender a respirar – Foto: Archivo personal

Es fácil comprender esta conexión si observamos que con cada estado emocional, cambiamos la forma en que respiramos. Cuando está enojada o ansiosa, es rápida y superficial. Cuando está tranquila y feliz, está tranquila y gentil. Si estamos tensos, a menudo dejamos de respirar durante largos momentos. Y cuando estamos emocionados o emocionados, nuestra respiración se acelera. El yoga nos muestra, sin embargo, que este camino es bidireccional. Así como el diario emocional dicta la respiración, al imponer conscientemente un ritmo respiratorio a nuestro organismo, también logramos cambiar nuestras emociones, dominando nuestro equilibrio psíquico.

Nuestra respiración afecta directamente a nuestro cerebro y controla nuestras ondas cerebrales.

Los yoguis han utilizado este control durante milenios para aumentar la concentración y la vitalidad a través de técnicas específicas de respiración, llamadas pranayama. Pranayama, en sánscrito, el idioma original del yoga, significa control y expansión (Ayama) de la fuerza vital y la energía (Prana). Sin Prana, no viviríamos ni un segundo.

Entonces podemos, a través de este dominio, tomar conciencia de la energía vital que constituye nuestro cuerpo. Y es a través de esta conciencia que podemos apropiarnos de nosotros mismos con una mayor conciencia de nuestra verdadera esencia e identidad.

Cuando comenzamos a practicar yoga, progresivamente hacemos consciente el mecanismo de respiración y volvemos a aprender a utilizar toda nuestra capacidad pulmonar. Digo que reaprendamos porque, al nacer, nuestra respiración es completa y llenamos de aire el pecho, entre las costillas y la parte inferior del abdomen. Con el paso de la vida y con la fuerte entrada de lo racional y emocional en nuestras vidas, nuestra respiración se ve afectada y gravemente deteriorada. Por tanto, es necesario volver a aprender esta función.

Después de volver a aprender a respirar, podemos pasar a prácticas de respiración más avanzadas – Foto: Archivo personal

La técnica de respiración del yoga

La respiración del yoga es casi siempre nasal y suave, con excepciones que se aplican en ejercicios específicos. Respiramos siempre por la nariz, de forma profunda, lenta y rítmica, oxigenando y energizando el cuerpo físico. Y exhalamos aún más lentamente por la nariz, optimizando la liberación de dióxido de carbono y generando una sensación de bienestar y relajación. Una exhalación profunda crea la posibilidad de una inhalación posterior que es aún más intensa y completa.

Después de volver a aprender a respirar, podemos pasar a prácticas respiratorias más avanzadas, como la respiración alterna (Anuloma Viloma) y la exhalación repentina (Kapalabhati).

Para empezar, entrenaremos la respiración completa:

  1. Inhala profundamente, expandiendo tu abdomen, llenando tu pecho entre tus costillas y tu abdomen inferior.
  2. Tome un breve descanso y luego exhale por la nariz, muy lentamente.
  3. Repita cinco veces, lentamente. Esto calmará tu sistema nervioso.

La ciencia tradicional de hoy ya está demostrando los beneficios de esta práctica y estudios recientes muestran que las prácticas de respiración ayudan a reducir efectivamente la ansiedad, la depresión, varios tipos de estrés y los trastornos psicológicos. La respiración controlada, tan antigua en el yoga, ahora se está redescubriendo y estudiando. Y esto no es casualidad.

* La información y opiniones emitidas en este texto son de exclusiva responsabilidad del autor, y no necesariamente corresponden al punto de vista de Globoesporte.com / EuAtleta.com.



Source link