“Quiero empezar a hacer ejercicio y no puedo”. Si ya lo has pensado, debes saber que no es la pereza o la falta de voluntad, sino factores neurológicos los que favorecen esta dificultad. Nuestro cerebro consume más de la mitad de la energía de nuestro cuerpo y por eso busca, en la medida de lo posible, ahorrar energía. Y debido al fenómeno neurológico llamado neuroplasticidad (que es la capacidad de las neuronas para transformar y adaptar su estructura y función en respuesta a los requerimientos internos y externos del organismo), cambiar un nuevo hábito no es tan fácil de conquistar, porque esta demanda externa (ejercicio) e interna ( adaptaciones fisiológicas) consume mucha energía, y eso es todo lo que tu cerebro no quiere.

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El factor que realmente promueve la inserción del ejercicio diario como hábito es la rutina – Foto: Istock Getty Images

Hay algunos mitos famosos que todavía se consideran y practican en la actualidad sobre cómo crear nuevos hábitos, y el más famoso es que un nuevo hábito tarda 21 días consecutivos en insertarse. Sin embargo, lamentablemente este mito no se confirma, al menos con los ejercicios. Un investigador inglés llamado Jeremy Dean publicó un libro sobre este tema (“Formar hábitos, romper hábitos”, 2003) y en su investigación informa que Se tardó un promedio de 86 días en insertar el ejercicio en la rutina..

Un famoso libro llamado “El poder del hábito”, escrito por el escritor Charles Duhigg, aporta una nueva perspectiva sobre cómo facilitar este proceso. En él, explica cómo se constituye el proceso del hábito en el cerebro, muestra la parte del cerebro responsable del hábito y ejemplos individuales de cómo el cambio de hábito puede revolucionar una vida. Uno de los ejemplos más interesantes es el de una mujer llamada Lucy que cambió por completo su vida después de practicar el famoso concepto de Bucle de hábito: disparador – rutina – recompensa.

El ciclo de hábito se basa en descubrimientos hechos después de estudios con ratas en la década de 1990, cuando se verificó el patrón de comportamiento del cerebro durante el proceso de rutina. En un estudio de ratones en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, los científicos encontraron que después de repetir acciones diarias, una parte del cerebro estaba menos activada, es decir, menos requerida, ya que los ratones repetían la misma acción. . En la investigación, las ratas fueron liberadas después de un ruido que hizo el sonido de “clic” para buscar comida (recompensa). Lo que sorprendió a los investigadores fue que la actividad cerebral era alta al inicio del experimento y que al cabo de unas semanas la actividad cerebral aumentaría en el momento del clic, disminuirá en el momento en que se dirigieron hacia la comida y nuevamente volvería a subir. cuando encontraron la comida, entonces apareció este concepto del que tanto se habla hoy.

Para facilitar la comprensión, encontraron que el factor que realmente promueve la inserción del ejercicio diario es la rutina; es decir, hay que acudir a la actividad física aunque sea por cinco minutos, ya que el acto ya conllevará la adaptación y reducción de la actividad cerebral.

Si quieres incluir la actividad física en tu rutina diaria te daré algunos consejos importantes:

  1. La rutina no tiene sentido, no tiene sentido de recompensa. Si haces algo buscando y pensando en las recompensas, difícilmente podrás sostenerte durante mucho tiempo.
    Ejemplo: cepillarse los dientes es un hábito y no publicamos fotos de sus dientes en las redes sociales después de cepillarlos por la mañana o después de las comidas. Lo entiendes?
  2. Intenta practicar actividades físicas moderadas y de fácil ejecución (caminar, correr, deportes que te gusten y estiramientos).
    Ejemplo: si la actividad es muy compleja e intensa, el cerebro tiene que trabajar más y gastar energía, generando más estrés, lo que dificultará la inserción del hábito.
  3. Cree estrategias de activación o recordatorio para iniciar el proceso de rutina.
    Ejemplo: ponerse la ropa de gimnasia o las zapatillas de tenis nada más despertarse, o escribir una palabra (EJERCICIO, por ejemplo) en el espejo del baño que le recuerde la acción que desea insertar.
  4. No proyectes ni centres tu actividad en la recompensa, ya que es consecuencia del hábito y no del hábito.
    Ejemplo: practica actividad física pensando en el peso que quieres perder, pesándote todos los días antes y después de la actividad.

Haga que la rutina de ejercicios sea placentera, no competitiva y sin sentido. Es decir, no sufras mientras entrenas, no te cubras demasiado, no crees metas imposibles y de muy corto plazo y no busques la aprobación / me gusta de los demás. Simplemente practica tu ejercicio a diario y deja que el cerebro y, en consecuencia, el cuerpo se adapten de forma natural. Te garantizo que te sorprenderás y solo tendrás grandes emociones y experiencias diarias. Como dije en mi artículo anterior, sé como un agricultor y sé activo, longevo y feliz.

* La información y opiniones emitidas en este texto son de exclusiva responsabilidad del autor, y no necesariamente corresponden al punto de vista de Globoesporte.com / EuAtleta.com.



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