Con la nueva rutina de ejercicios en casa, muchas personas están cambiando el horario de actividad física y algunas personas optan por hacerlo después del almuerzo. Sin embargo, se debe tener cuidado de no afectar el proceso de digestión y absorción de nutrientes y evitar complicaciones. Décio Chinzon, presidente de la Federación Brasileña de Gastroenterología (FBG), sostiene que no se debe practicar ningún ejercicio inmediatamente después del almuerzo y apunta al reflujo, la diarrea y la mala absorción de nutrientes como posibles consecuencias de esta práctica, con síntomas que incluyen debilidad. y mareos. Según Décio, el tiempo necesario entre comidas y actividad física varía según las características individuales, pero señala que 90 a 120 minutos suelen ser suficientes en la mayoría de los casos. De lo contrario, el ejercicio puede terminar desviando el flujo sanguíneo que aún se necesita para la digestión hacia los músculos.

Si no se respeta un período de 90 a 120 minutos entre el almuerzo y el entrenamiento, el ejercicio puede terminar desviando el flujo sanguíneo que aún es necesario para la digestión hacia los músculos – Foto: Istock Getty Images

– Depende mucho de cómo la persona vacíe el estómago, pero en promedio lo ideal es alrededor de 90 a 120 minutos. Si vas a hacer ejercicio después del almuerzo, la digestión ya está en marcha y puedes dificultar este proceso. La mayoría de los alimentos se digieren completamente en unas dos horas, por lo que es más o menos este tiempo que debemos esperar para empezar a hacer algo de deporte – evalúa el gastroenterólogo.

João Felipe França, director médico de la Sociedad Brasileña de Medicina del Ejercicio y el Deporte, también destaca la importancia del tipo y tamaño de la comida para determinar el intervalo apropiado. Él señala que el intervalo de 90 a 120 minutos es necesario para comidas abundantes como una barbacoa o feijoada, mientras que las comidas más regulares pueden requerir entre 60 y 90 minutos.

Según França, también existen recomendaciones para las comidas previas al entrenamiento, en las que el deportista recarga carbohidratos simples, que se queman más rápido y estimulan el rendimiento del ejercicio. Algunos ejemplos de alimentos con estas características son la papa, la mandioca, el pan, la pasta que no contenga huevo y frutas como plátanos, piñas y manzanas. En este caso, un corto período de diez a quince minutos ya permite el inicio de la práctica de una actividad ligera, pero esta percepción cambia según las actividades a las que cada uno está acostumbrado.

– Depende siempre de la cantidad de comida y del tipo de actividad física y esto puede variar de un individuo a otro. Para los que corren, por ejemplo, caminar es muy ligero, pero para una persona de 70 años puede ser bastante intenso, explica el médico deportivo.

Una de las razones para no hacer ejercicio inmediatamente después de las comidas es la falta de volumen sanguíneo para irrigar varias regiones del cuerpo en grandes cantidades simultáneamente. La digestión aumenta la vascularización en el tracto digestivo y la actividad física hace lo mismo con los músculos.

– La pared del estómago envía estímulos al cerebro, el cual, a su vez, entiende que necesita incrementar la vascularización de ese lugar porque allí hay comida. Asimismo, cuando las personas comienzan a moverse, los músculos envían información al cerebro de que necesita aumentar el suministro de oxígeno porque está gastando energía y necesita producir más. Nuestro cuerpo hace esto automáticamente porque el sistema nervioso autónomo desvía el flujo sanguíneo de acuerdo con la demanda del cuerpo, explica France.

Al desviar la sangre que se usaría en la digestión hacia los músculos, el deportista puede sobrecargar órganos del sistema digestivo y presentar síntomas como mareos y debilidad durante el período de esfuerzo. Otra posibilidad es perjudicar el proceso de absorción de nutrientes.

– Hacer ejercicio inmediatamente después de una comida puede perjudicar principalmente la absorción de alimentos a base de grasas y proteínas. Si el individuo eventualmente tiene un déficit intestinal, se reflejará en la absorción de ciertos nutrientes. Esto se compensa posteriormente en otras ocasiones, no desarrolla una condición anémica, pero compromete la absorción de nutrientes y estará sujeto a complicaciones como reflujo y diarrea – dice Décio.



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