El alcohol actúa como diurético, aumentando la producción de orina. Esto puede provocar deshidratación y afectar su ejercicio. Alternar bebidas alcohólicas y agua puede marcar una gran diferencia en los niveles de hidratación, además de tener un impacto positivo en el bienestar a la mañana siguiente. Es importante recordar que las bebidas alcohólicas están cargadas de calorías y que el alcohol también ralentiza el uso de grasas como combustible. Si bebes mucho, el hígado, responsable de cientos de tareas, prioriza una de ellas: metabolizar el alcohol. Con eso, deja de procesar otros carbohidratos, grasas y proteínas, que terminan acumulándose en forma de grasa.

Trate de alinear su estómago, ya que comer antes de beber ayuda a retardar la liberación de alcohol en el torrente sanguíneo. Si es posible, coma algo y beba mucha agua mientras bebe. Si planeas correr al día siguiente para beber, déjalo hasta el final de la tarde, y primero llena tu cuerpo de buena comida y agua, para restaurar las reservas de energía.



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