En marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó al Covid-19 como una pandemia, provocando la mayor crisis sanitaria y económica de nuestro siglo. Todos los continentes y casi todos los países se vieron afectados y obligados a establecer políticas públicas para reducir la propagación de la enfermedad en sus poblaciones, además de mitigar los efectos económicos. Paralelamente, observamos con preocupación la escalada de los trastornos emocionales en la población mundial. Los datos publicados en varios países demuestran un aumento significativo de los síntomas de estrés, ansiedad y depresión durante el período de aislamiento social.

Unos pocos minutos de carrera estacionaria pueden marcar la diferencia en la salud física y mental – Foto: Istock Getty Images

La determinación del aislamiento social para prevenir la propagación del virus y la preparación del sistema de salud nos obligó a estar más restringidos en el hogar y, en consecuencia, a practicar menos actividad física y deportes. Un investigación realizada por una empresa alimentaria, en junio, demostró que más del 70% de los entrevistados, en trabajos de oficina desde casa, eran sedentarios o reducían la práctica de ejercicios durante la cuarentena.

El término estrés psicosocial se utiliza para referirse a una amplia variedad de factores psicológicos y sociales que se relacionan con la salud y la enfermedad mental. Brasil es uno de los países más estresados ​​del mundo (70% de la población económicamente activa) y con el segundo mayor número de casos de burnout o síndrome de burnout en el mundo (30%), lo que ha aumentado aún más la preocupación de las agencias de salud. con el impacto emocional que esta pandemia puede tener en la población. Según la investigadora y coordinadora del Laboratorio de Estudios del Estrés (LABEEST) de la UNICAMP, Dora Maria Grassi-Kassisse, “la reacción al estrés psicosocial es uno de los principales factores que interfieren en la salud, que puede desencadenar cambios mentales, físicos, sociales y ambientales que nos rodea ”.

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Se sabe que cuanto más tiempo estamos privados de movimiento, se presentan mayores niveles de estrés y agotamiento psicosocial, además de un aumento de los síntomas de depresión y ansiedad. Evitar los impactos de esta caída en la capacidad de manejo se ha vuelto fundamental en esta pandemia.

La práctica de actividades físicas de 5 a 10 minutos (estiramientos, saltos o correr en el mismo lugar) de dos a tres veces al día provoca una disminución del estrés y mejora el estado de ánimo, la vitalidad, la concentración y la memoria, además de reducir el riesgo de trastornos del estado de ánimo ( depresión y ansiedad), atracones, abuso de alcohol y medicamentos. Esto contribuye al bienestar físico y emocional durante el aislamiento social. Esto se debe a que estos pequeños estímulos físicos promueven un estímulo neural, generando respuestas neurofisiológicas y neuroquímicas que desencadenan una serie de adaptaciones positivas inmediatas (agudas) en el cerebro, proporcionando placer y una sensación de agitación que promueven un aumento de la proactividad diaria y el deseo de realizar tareas, además de potenciar los efectos ansiolíticos naturales, así como una mayor respuesta protectora para la salud cardiovascular.

Activación de seis minutos

Saltos de tijera: ejercicios aeróbicos que se pueden hacer en casa – Foto: Istock Getty Images

A continuación se muestra un ejemplo de una activación de seis minutos:

  • 3 x 1 minuto corriendo en el mismo lugar (parado) + 30 saltos + 30 segundos de descanso
  • Haga esto 2 o más veces al día o alterne con ejercicios de estiramiento y rápidamente sentirá la mejora física y emocional en unos pocos días.

La práctica regular de estos pequeños estímulos físicos unas cuantas veces durante el día, además de ser menos fatigoso y lento, ayuda a reducir el impacto negativo de la suma del tiempo elevado de pie (inactividad conductual) con la enorme demanda de información mental recibida.

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Romper el tiempo continuo de la posición sedentaria evita, por ejemplo, pasar demasiado tiempo sentado o tumbado frente al ordenador o smartphone o en el sofá viendo la televisión. Con estas activaciones físicas antiestrés, el cuerpo y la mente quedan protegidos de las enfermedades no transmisibles (DnT), además de aumentar la vitalidad y mejorar el estado de ánimo, la concentración, la concentración y la capacidad cognitiva.

Vivimos en una sociedad que ha evolucionado muy tecnológicamente, pero que ha creado un estilo de vida cada vez más sedentario. En situaciones de aislamiento social y cuarentena, pasamos, en promedio, del 70 al 80% del día en reposo y podemos minimizar el daño causado por el sedentarismo excesivo con estos pequeños cambios e inserciones en la rutina diaria.

Con estos pequeños ajustes, podemos transformar un día pasivo y negativamente estresante en un día activo, productivo y gratificante. Disminuyendo mucho el impacto emocional del aislamiento social.

* La información y opiniones emitidas en este texto son de exclusiva responsabilidad del autor, y no necesariamente corresponden al punto de vista de Globoesporte.com / EuAtleta.com.



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